Desperdicio alimentario: una alarmante fuga de recursos

Columna de Aquiles Nehuenschwander, Ingeniero Forestal, Fundación para la Innovación Agraria

Desperdicio Alimentario AN

13-feb-2017

Se estima que casi un tercio de los alimentos que se producen en el mundo para el consumo humano -cerca de 1 300 millones de toneladas al año- se pierde o se desperdicia. Estas pérdidas se concentran cada vez más en las ciudades, donde actualmente vive la mitad de la población mundial.

La FAO desglosa estas pérdidas de la siguiente manera: el 40% tubérculos, frutas y verduras no son aprovechados, lo mismo con el 35% del pescado, el 30% de los cereales y el 20% de las semillas oleaginosas, carne y productos lácteos. A partir de los precios al productor y al por menor, se estima que el desperdicio de alimentos representa un valor económico total cercano al billón de dólares estadounidenses anuales.

Ejemplos hay muchos. A fines de 2013 se calculaba que el desecho doméstico de alimentos le cuesta al Reino Unido unos 15 millones y medio de dólares cada año, a pesar de la significativa tendencia a reducir el problema, según el informe del Programa de Acción de los Residuos y los Recursos (Wrap, por su sigla en inglés). Esto significa que diariamente se tiran a la basura el equivalente a 24 millones de rebanadas de pan, 5,8 millones de papas y 5,9 millones de vasos de leche. Casi la mitad de estos alimentos van directamente desde los refrigeradores o las despensas de los hogares a la basura, sin siquiera pasar por el plato.

En EE.UU., se estima que el 40 por ciento de la comida se desperdicia al año, lo que significa que el valor que se pierde es equivalente a unos US$165 mil millones. Además, este desperdicio termina pudriéndose en los vertederos municipales, lo que constituye un alto componente de las emisiones anuales de metano de EE.UU.

En América Latina, la FAO calcula que se pierden o se desperdician unas 348.000 toneladas de alimentos al día, que serían unos 127 millones de toneladas al año, que equivale a un promedio de 223 kilos de comida perdida por habitante al año. Esta cantidad de comida desperdiciada podría servir para cubrir las necesidades calóricas de unos 36 millones de personas en la región latinoamericana.

Este fenómeno puede ser explicado por distintas causas: la falta de claridad en el etiquetado sobre la vida útil, recomendaciones deficientes de almacenamiento, desecho de frutas y verduras por su aspecto visual, sobredimensionamiento de las porciones en el plato de comida y la compra de más de lo necesario.

Sin duda hay un gran desafío que enfrentar, partiendo por el desarrollo de mejores prácticas para el diseño y las operaciones de los mercados mayoristas, lo que permitiría reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos y también mejorar el acceso de los productores a los mercados y la manipulación de los alimentos.

Pero también es necesaria la implementación de políticas públicas. En Francia, la Cámara Baja aprobó de manera unánime a fines de 2015 una ley que impide que la comida se bote por estar cerca del fin de su vida útil o por defectos menores que afectan su estética. Abarca a los supermercados que tengan más de 400 metros cuadrados de superficie, los cuales tendrán que donar la comida que no cumpla estándares comerciales pero sí de inocuidad a la caridad. Si la comida no está apta para consumo humano, ésta tendrá como destino el consumo animal o el compost. La norma también prohíbe que los supermercados arrojen agua o cloro a la comida para que no sea consumida desde la basura, práctica habitual no sólo en ese país. No cumplir con la normativa arriesga multas de hasta 75 mil euros o dos años de cárcel.

En Chile, la realidad no es muy distinta. En un artículo publicado en Lahora.cl en julio de 2016, se entregan antecedentes sobre un estudio sobre los hábitos de consumo y desperdicio de alimentos en Chile, realizado por la Universidad de Talca, el que estimó que un 95% de los encuestados reconoció botar comida del refrigerador en forma habitual.

Cristóbal Ruiz-Tagle, director del informe "Pérdida y desperdicio de alimentos en Chile: un análisis desde la solidaridad" explicó que, en medio de la discusión sobre la nueva ley de etiquetado y la nutrición en Chile, se había omitido una realidad sobre el desperdicio de alimentos en nuestro país.

Con esta información, el Centro de Impacto Público IdeaPaís elaboró un informe con diferentes propuestas para terminar con este problema.

  1. Crear ley de donación de alimentos: Si bien existen cuatro proyectos de ley que están siendo tramitados en el Congreso, y que intentan regular este problema, el centro IdeaPaís propone legislar considerando la prohibición de la destrucción de alimentos, los incentivos tributarios para empresas que donen alimentos y regular a las instituciones que reciban alimentos donados.
  2. Especificar caducidad de alimentos: Las actuales fechas de vencimiento son tiempos referenciales para determinar en qué días los alimentos pierden propiedades físicas, más allá de especificar en qué momento representan un peligro al ser consumidos. Por eso, la propuesta consiste en etiquetar los alimentos con sellos más claros y que ayuden a determinar a las personas si los alimentos son de duración larga o corta.
  3. Sello de calidad para empresas que donen alimentos: El sello sería de "Alimentación solidaria" con el fin de reconocer a las empresas que, por propia iniciativa, destinen a organizaciones sociales los alimentos que son retirados del mercado.
  4. Innovar en el proceso de conservación: IdeaPaís propone invertir en el desarrollo de nuevas tecnologías en el proceso de fabricación y conservación de alimentos, con el fin de prolongar su vida útil.
  5. Crear restaurantes populares que usen comida recuperada: Desde 1985 en Francia funcionan los "Restaurantes del Corazón", organismos que recolectan alimentos que se desperdician y son preparados para las personas más pobres.
  6. Potenciar campañas sobre el desperdicio: En ellas trabajarían ministerios junto a la industria alimentaria para sensibilizar a la población sobre el desperdicio de alimentos, incentivando un cambio de hábitos.
  7. Recetas para aprovechar los desperdicios: Se propone elaborar y difundir recetas enfocadas a los hogares para aprovechar los alimentos que puedan ser desechados por lucir mal.

Las startups chilenas también hacen su aporte. Ecomida (www.ecomida.cl) es una app recientemente lanzada que ayuda a organizar las compras para evitar el desperdicio, tanto a nivel de consumidor como de productor.

Con todos estos datos, la invitación es a preguntarnos ¿Qué estamos haciendo para disminuir las pérdidas y desperdicios de los alimentos?

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